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viernes, 17 de mayo de 2013

Estar a la (no) altura.

"Como siempre, mal y tarde, aquí estoy. Sé que ha pasado mucho tiempo, pero no más del tiempo que he necesitado para desenredar el nudo de ideas que me atragantaba los pensamientos. Aún a pesar de ser tarde, espero que aún me leas, me escuches y me entiendas. Llevo mucho tiempo perdida, pero creo que al final me he encontrado. Y me he encontrado sólo cuando me he alejado de todo lo que me ataba a quien era. O quien fingía ser. O quien me hacían creer que era.
Ya ves, a veces nos hacen creer que debemos ser de una manera, y es así como seremos el resto de nuestra vida, sólo por miedo a que no nos consideren a la altura, pero seamos realistas, ¿quién está a la altura? Hoy en día, estar a la altura es nacer en el seno de una familia perfecta, y sin embargo las familias perfectas sólo son fachadas. Estar a la altura es crecer creyendo que ser una Barbie es la mayor meta a la que podemos aspirar. Es sentir la estúpida necesidad de encontrar al amor de nuestra vida con 15 años, cuando nos sabemos ni siquiera que es lo que significa. Por no olvidar que estar a la altura es pasarse la vida estudiando para obtener un trabajo que pueda costear todos nuestros años de estudio. Estar a la altura es casarse de blanco con alguien a quien aprecias (no hables mucho menos de amor, porque la mayoría de la gente muere sin saber el completo significado de esa palabra y todo lo que conlleva). Estar a la altura es formar una familia y darle la apariencia de ser inquebrantable, tener hijos a los que enseñar como estar a la altura y después ser fuertes al ver partir a una parte de nuestra vida. Y por último, estar a la altura es morir sin importar las circunstancias y sin importar mucho quien somos, o quien nos han hecho creer que somos, porque al final de una vida, da igual cuan ruin haya sido nuestra existencia, inexplicablemente todos nos volvemos grandes personas a las que todo el mundo va a recordar. Durante los dos días siguientes al menos.
Y yo, he de decir, que visto lo visto, no quiero estar a la altura. No quiero ser polvo del que hable gente que no ha tenido relevancia en mi vida, únicamente quiero un hueco en el corazón de mis seres queridos, la posible familia que quizás algún día forme sin ninguna clase de compromiso formal con alguien a quien aprecio. No quiero compartir mi vida con alguien por hacerlo, por sentirme obligada, quiero estudiar la definición de estar enamorada en todas sus dimensiones, quiero sentir con la cabeza, el corazón y los sentidos, y quiero perder la razón, el ritmo cardíaco y el control de mi sistema nervioso sólo con pensar en esa persona. No quiero educar a mis hijos para que sean lo que espero, o esperan, de ellos, quiero enseñarles que da igual como sean mientras les haga felices. Porque esa es la mayor meta que podemos alcanzar, y no malgastar nuestra vida en procurar ser un par de piernas con una cintura de avispa y una 90 copa B que carece de cerebro.
Y no quiero nada perfecto en mi vida. Lo quiero feliz. Y, querida sociedad, estar a la altura no me hace feliz."

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Podría decir tantas cosas que al final me quedo sin nada que decir. Siempre es lo mismo, mil historias que repiten el final. Y aún teniendo la certeza, siempre ansiamos escuchar otra historia para saber si habrá algún desvío de palabras, o un doble sentido, que de la vuelta a todo lo que conocíamos.