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domingo, 17 de marzo de 2013

Buenos días. Eso pensé hace ya un año, "buenos días, hoy a sonreír, a ser fuerte", pero entonces me dí con la realidad en las narices. Y la realidad era esta; era haber soñado con verte mejorar día a día, con volver a tenerte sentada a mi lado los sábados cuando íbamos a comer a tu casa, o contestarte al teléfono cuando llamabas a casa, incluso me conformaba con poder ir a visitarte al hospital. Pero todo paso muy deprisa y yo abrí los ojos de golpe, y aunque me había gustado soñar que todo salía bien, los sueños no siempre se hacen realidad, y la realidad fue que te perdí.
Y lo hice para siempre. Y no hay día que no me duela pensar que ya no estás aquí. Así que, si no he echo mal la cuenta, llevo 365 días echándote de menos. Echando de menos lo que siempre me ha hecho falta.
Así que bueno, que puedo decir, que hoy mamá se ha echado tu colonia y ha sido como volver a tenerte aquí. ¿No es increíble? Como asociamos ciertas sensaciones a ciertas personas, y ni siquiera el tiempo consigue que dejemos de hacerlo.
Aunque, por una parte, preferiría olvidar tantas cosas. Duele mucho recordar a alguien que ya no está, que no va a volver, y que te hace tanta falta como tú a mí.
Sueno como una cobarde, ¿verdad? Querer olvidar algo que te ha hecho feliz durante tantos años, sólo porque ahora te haga daño. Todos somos un poco cobardes cuando hablamos del dolor.
Pero también he de decir que aunque sea una cobarde, tú me enseñaste a ser fuerte, y ese es un motivo para no querer (ni poder aunque quisiera) olvidarte.
Que llore no significa que sea débil. Llorar es bueno, es una forma más de medir cuando nos importa algo o alguien. Aunque solemos llorar cuando ya es demasiado tarde. Espero que no te fueras pensando que nunca te lloré, te lloré mucho, sólo que aprendí a hacerlo en silencio y con una sonrisa en la cara, pensé que si yo estaba "bien", tú también harías un esfuerzo más por estarlo. Pero quizás nunca soné muy convincente, o quizás tú te cansaste de luchar. O quizás el destino quiso ser muy egoísta y llevarse lo mejor que ha existido.

Ya ha pasado un año, ¿quién nos lo iba a decir? Yo, que estaba convencida de que sin ti, toda esa movida del fin del mundo tenía que ser verdad. Por lo menos para nosotros lo fue en parte, porque un mundo donde tú no existieses no tenía sentido. Pero la vida siguió, como siguen las cosas que tienen poco sentido, y al final aprendimos a vivir sin ti/contigo, es decir, echándote de menos cada día.
Ahora empezaremos a ir a por el segundo. ¿Qué importa? Pasen los años que pasen, seguirás estando en mi cabeza, corazón, o lo que sea que tengo debajo de la piel cada día. Digo estarás por no decir eres, pero en este caso podrían ser sinónimos.

¿Sabes? Aquí escondida llevo a la niña que te adoraba más que a nadie. Lo sigue haciendo, sólo que la niña ha crecido y la cuesta mostrar sus sentimientos.

Pero aún así, ya lo sabes, no podría estar más orgullosa de ti.
Ojala algún día tú lo estés así de mí, porque sé que no soy como esperaste que fuésemos, pero te aseguro que intento ser la mejor yo misma que puedo. Y eso es bueno, ¿no? Tener los pies sobre la tierra para que nadie te haga arrastre en la dirección que le convenga.

No sé que más decirte, pero puedo repetirte lo muchísimo que te quiero, y la de cosas que daría por volver a tenerte aquí. Pero no puedo cambiar el curso de la vida, así que tendré que conformarme con los recuerdos, y ya que son todo lo que me queda de ti, rectifico, por mucho dolor que pueda llegar a causar, no compensa olvidarte, no compensa olvidar ni un segundo contigo.  

Gracias por estos 16 años, por convertirme en quien soy, por marcar mi vida, abuela. 
Te quiere muchísimo, y lo hará por el resto de su vida, Coral.



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Podría decir tantas cosas que al final me quedo sin nada que decir. Siempre es lo mismo, mil historias que repiten el final. Y aún teniendo la certeza, siempre ansiamos escuchar otra historia para saber si habrá algún desvío de palabras, o un doble sentido, que de la vuelta a todo lo que conocíamos.