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viernes, 29 de junio de 2012

Puedes pasarte la vida levantando muros, o puedes vivirla saltándolos.

Que sí, que ya, que la vida no es fácil, que si quieres algo tienes que luchar por ello (y más si ese algo es en realidad alguien). Que sí, que es muy bonito decir que "no pasa nada" cuando a ti no te pasa nada, pero, ¿sabes? A mí sí me pasa.
Me pasa que me me cansa vivir en una constante rutina. Rutina en la cual, levantarte por la mañana sólo es un reto por el hecho de tener que sobrevivir un día más. En la que tienes que luchar para no llorar por la presión que sientes, porque no se trata sólo de todas las cosas que tienes en la cabeza, es mucho más, es el hecho de no poder llorar en público, de no parecer débil, de fingir que puedes con todo. Pero no puedes.
Joder, eres humana, es imposible.
No te atreves a mirarte directamente a un espejo, no es la primera vez ni será la última que sientes impulsos de romperlo. Romperlo, y hacer desaparecer un reflejo que detestas. Pero no sirve de nada, por muchos espejos que rompas, seguirás siendo quien eres, y seguirás odiando tus lunares, el color de tus ojos, los cuatro pelos que tienes, la forma de tus piernas, y las cicatrices de tus pies.

Pero aún así, sigues tratando de aparentar ser invencible, y levantas paredes a tu alrededor, para defenderte, o para ocultar quien eres en realidad. O para las dos cosas.
Pero al final ocurre algo malo, y todas las cosas sin importancia se derrumban, y queda lo que realmente somos.  Y entonces, ¿qué? ¿A empezar de cero? ¿A volver a esconderte, a volver construir?

¿Piensas pasarte así la vida?



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Podría decir tantas cosas que al final me quedo sin nada que decir. Siempre es lo mismo, mil historias que repiten el final. Y aún teniendo la certeza, siempre ansiamos escuchar otra historia para saber si habrá algún desvío de palabras, o un doble sentido, que de la vuelta a todo lo que conocíamos.