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jueves, 5 de enero de 2012

No te comas el mundo si no quieres, pero nunca dejes que el mundo te coma.

Si algo he aprendido -y mira que lo dudo- es que después de cada "Fin" siempre hay una segunda parte. En la vida real no es así, no se te ofrecen segundas oportunidades, ni la opción de pensar que lo que no termines hoy podrás terminarlo mañana, porque nadie te puede asegurar que haya un mañana.
Por eso odio a los que te prometen que estarán contigo para siempre. ¿No se dan cuenta de que nada es para siempre? ¿Qué el para siempre no existe? Parece que no, o quizá sí, pero prefieran fingir para endulzar el momento.
El mundo gira, y nosotros con él. Ahora mismo está girando, aunque no lo notes, pero estás girando con él, y cuando quieras darte cuenta, tendrás casi treinta años y te encontrarás tirando en un sofá más viejo que tú, con una botella de ron vacía en la mano y una lista de propósitos ardiendo para intentar calentarte. Y entonces verás que nada es para siempre, que lo de "vas a arrepentirte" hace mucho que dejaron de decírtelo, y se te ha acabado el tiempo de pensar por qué vas a luchar. Que las personas del "para siempre" están en algún lugar del mundo, o no, porque hace mucho que volaron las promesas mal hechas, y que la vida no te ofrece segundas oportunidades, ni equilibra el pasado con el futuro. Por primera vez en tu vida pensarás que tú eres el único culpable de tu logros y de tus fracasos, y que sólo tú puedes salir de un pozo sin fondo, porque al fin y al cabo, así es como vives la vida, solo.

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Podría decir tantas cosas que al final me quedo sin nada que decir. Siempre es lo mismo, mil historias que repiten el final. Y aún teniendo la certeza, siempre ansiamos escuchar otra historia para saber si habrá algún desvío de palabras, o un doble sentido, que de la vuelta a todo lo que conocíamos.