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martes, 27 de septiembre de 2011

So near, so far.

Y llegó el otoño. Llegaron las noches de edredón, de infusiones para dormir y de sueños medio soñados al despertar. Volvieron los días cada vez más cortos, que al final acaban evaporándose como un charco en medio de un incendio. Las hojas amarillas decorando las aceras y el viento despeinando hasta el único pelo de un calvo. La lluvia cayendo como cada sábado, arruinando el único día de libertad concedida.
Volvió todo. Casi todo.
Los adioses en la parada del autobús, los besos que hacían que el conductor pitara avisando de que se tenía que ir, las perdidas de cada 5 minutos para decir "estoy pensando en ti", las canciones dedicadas en papeles que volaron y quien sabe donde estarán ya, el estrés de no verle conectado, el detalle de escribir algo para recordarle que le quieres, haciéndoselo saber a todo el mundo. "Tu y yo, a 3 metros sobre el cielo", "Tengo ganas de ti", "¿Creías que iba a perderme el resto de mi vida contigo, eh pequeña?", ¿Sabes? Ya sé porque te quiero"... o algo tan simple como "Estoy pensando en ti, y eso nadie puede quitármelo porque te quiero, y lo haré hasta que tú me digas que deje de hacerlo. No, ni siquiera entonces". Todo eso no ha vuelto, se ha quedado tan lejos que ya casi no puedo ver como era caminar cogida de tu mano.
Que fácil resultaba todo cuando eras tú el que estaba aquí para abrazarme cuando no entendía el presente y me asustaba mirar hacia el futuro.

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Podría decir tantas cosas que al final me quedo sin nada que decir. Siempre es lo mismo, mil historias que repiten el final. Y aún teniendo la certeza, siempre ansiamos escuchar otra historia para saber si habrá algún desvío de palabras, o un doble sentido, que de la vuelta a todo lo que conocíamos.