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jueves, 22 de septiembre de 2011

Nanosegundos y puzzles.

El universo se creo en un nanosegundo. Un sólo nanosegundo en el que la nada se convirtió en todo. Un nanosegundo es también el tiempo que tardas en pestañear, o es el tiempo que pasa desde que lo ves hasta que tu sistema nervioso reacciona.
Enamorarse es como empezar de cero. De repente es como el universo, que de la nada aparece la razón porque tienes los pies en la tierra, la ecuación perfecta de porque los sentidos se intensifican cada vez que se acerca. Y esa razón tiene nombre y apellido.
Es empezar de cero, porque es empezar a entender la vida de otra manera, como cuando creces y te das cuenta de que los que se van nunca tienen intención de volver. Es como darte cuenta de que las piezas del puzzle no encajaban porque lo estabas haciendo del revés.
Cuando te enamoras, todo encaja. Encajan las ojeras con las noches en vela, y éstas, con las interminables facturas de teléfono. Encaja la rapidez con la que se movían las  agujas del reloj con el hecho de que estar a su lado era lo que querías. Encajan las palabras mudas, las cartas en blanco, las caras estúpidas y los besos inesperados con la doloroso realidad de que es el único que puede quitarte la respiración, y también el único que puede devolvértela.
Encaja todo, porque tú encajas con él y él encaja contigo, las piezas clave del juego.
Y puedes seguir buscando, pero la mayoría de las personas nunca acaban su puzzle correctamente.


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Podría decir tantas cosas que al final me quedo sin nada que decir. Siempre es lo mismo, mil historias que repiten el final. Y aún teniendo la certeza, siempre ansiamos escuchar otra historia para saber si habrá algún desvío de palabras, o un doble sentido, que de la vuelta a todo lo que conocíamos.