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jueves, 23 de junio de 2011

Pero el miedo nos consigue, se hace grande en estas manos

-¿Sabes? De pequeña siempre decía que quería ser una princesa, que un día besaría a un sapo y se convertiría en mi príncipe y los dos viviríamos felices en un castillo, en el más grande. Después maduré y me límite a desear un castillo de arena y un príncipe sin título. Hasta hace poco ya me conformaba con el cielo como único techo y a un príncipe que sólo lo fuera en su casa. Sabía que me haría reír, pero sobre todo, sabía que me haría llorar, pero siempre he querido a alguien con quien compartir mi vejez y los momentos de mi vida más simbólicos.
-¿Y ahora? ¿Qué quieres ahora?
-No lo sé. He estado besando a todos los sapos y ninguno se ha transformado. Supongo que es obvio que no soy una princesa y que soy mayor para seguir confiando en esas cosas. A lo largo de mi vida, mis sueños han cambiado, pero siempre he tenido muy claro que era lo que quería, pero ahora... tengo la sensación de que cuanto mayor eres, más miedo te cabe en el cuerpo. Yo tengo miedo de quedarme sola. A decir verdad, ya no pido ningún príncipe, sólo alguien que me quiera y que no me reproche mis defectos. Alguien que todas las mañanas me repita cuán afortunado es de verme con el maquillaje corrido y el pelo revuelto.
Pero no sé, creo que yo no estoy hecha para esas cosas.

1 comentario:

  1. Holaa otra vez! :)
    Precioso el texto, yo aún no he encontrado ese sapo que se convierta en principe; y al igual que tu, ya no le busco, solamente quiero alguien que quiera estar junto a mi.
    Lo dicho, bonita entrada. Un besazo
    PD: Tú también escuchas buena música, he revisado tu perfil y conincidimos en bastantes grupos :D

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Podría decir tantas cosas que al final me quedo sin nada que decir. Siempre es lo mismo, mil historias que repiten el final. Y aún teniendo la certeza, siempre ansiamos escuchar otra historia para saber si habrá algún desvío de palabras, o un doble sentido, que de la vuelta a todo lo que conocíamos.