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sábado, 30 de abril de 2011

Autoconfesión

Ha llegado mi momento de poner los puntos sobre las Ies, porque necesito gritar ahora más alto que nadie. Estoy al borde del abismo, de la desesperación, de mi misma, y sólo me queda saltar.
Siempre fui de las que buscaban el interior para juzgar el exterior. Nunca me gusto mirar a la gente por encima del hombro. Siempre me sentí inferior, pero nunca me subestime.
Tenía mis defectos, y casi todos estaban en la cáscara del envoltorio, pero era feliz.
Pero llego un día en el que me miré con otros ojos, y empecé a pensar en alcanzar un imposible.
Cambie mis rutinas, mi manera de actuar, mis amistades,... Cambie.
Y me gustaría decir que cambie para bien, que mejore, y lo hice, pero ¿en que sentido?
Los primeros meses me decían que estaba estupenda, y yo me lo creía, al fin y al cabo, era lo que intentaba.
Los siguientes meses me preguntaban donde estaba escondiendo mi sonrisa, y yo me limitaba a decirles que era la edad. Después deje de contestar.
Estos últimos meses soy yo quien pregunta, quien se pregunta tantas cosas, y nunca obtiene respuesta.
No puedo afirmar haber amado mi vida alguna vez, pero tengo la certeza de que en algún momento del pasado, ese que se supone que es mio, la aprecie. Ahora detestarla es quedarse corto.
Es cierto, si nos referimos a mí superficialmente, mejore notablemente, y ahora es la prioridad en mi lista de prioridades cuando antes eso ni siquiera aparecía. Pero si hacemos referencia a quien realmente soy, diría que caigo en picado, pero prefiero permanecer en silencio porque lo cierto es que ya no sé ni quien soy.
A veces me paro a pensar en lo que estoy haciendo y me llamo idiota, sí, porque lo que la gente recuerda no es si eras rubia o morena, alta o delgada. Recuerdan si eras buena o eras una zorra, recuerdan las cosas que hiciste y por quien las hiciste. Recordarán tu nombre, pero nadie recordará tu talla de sujetador.
Y me rio de mi misma en silencio y me digo "Frena, y empieza a buscar una verdadera razón para desgastarte la voz", pero a la hora de hacerlo me vuelvo pequeña y me come el miedo. Soy cobarde por naturaleza y me dedico a llorar la misma causa día sí, día también, casi siempre sobré los mismos hombros, aunque casi siempre encerrada en la soledad de mi habitación. Pero hay días en que ya no puedo más, y me derrumbo en la primera esquina. Intento pasar desapercibida, porque no me gusta que la gente me vea llorar y se acerque a consolarme. Me gusta estar sola.
Y no porque no valore a mis amigos que tengo alrededor, ellos son lo mejor que tengo y son en la única cosa en la que apuesto toda mi fortuna a que he hecho bien abriéndoles la puerta de mi vida, al igual que estoy segura de que haber dejado atrás a ciertas personas es algo que debería haber hecho hace tiempo. Sé que puedo confiar en ellos, que cuando les necesite no pestañearan en venir a ayudarme, pero es mi dolor, y creo que ya estoy arrastrando a mucha gente incoscientemente.
Me averguenzo de mi misma, cada día es más difícil tirar con una mueca de alegría en la cara. Empieza a costar seguir fingiendo, pero me mantendré por ellos. Se lo debo, al menos eso.
Hoy, en cambio, es la excepción. Hoy voy a gritar bien alto, para que todos me oigan. Hoy pasar desapercibida me trae sin cuidado, porque hoy quiero que todos se giren y me miren, que escuchen lo que tengo que decir.
Yo conozco lo que es no poder sostenerte la mirada en el espejo, y en ese momento echarte a llorar por la impotencia que produce no querer reconocer tu reflejo. Yo conozco lo que es hacerte daño a ti misma, y ser consciente de lo que estás haciendo. Conozco la sensación de desesperación que es no poder ser como quieres, y conozco lo mal que sienta sentirte avergonzada de tu propio cuerpo, y pagarlo contigo misma.
Conozco lo que es ser la persona que más odias.
Y realmente, son cosas que, sufrirlas en tu propia piel, te cambian la vida. Sí, y después ya no hay vuelta atrás.
Cuántas veces me habrán dicho lo de "pues si sabes que no lo estás haciendo bien, cambia". Lo siento, pero esto es como un embudo, al principio tengo multitud de oportunidades para dar vueltas, pero después empiezan a cerrarse. Ya lo dije, creo que yo estoy al borde.
Empecé a escribir esto porque necesitaba desahogarme, pero he decido acabarlo con una nueva finalidad.
Sé que lo que yo diga le importa a poca gente, pero me repatea. Yo, que sé lo que es necesitar verse guapa, y nunca conseguirlo, he decido escribir esto, para recordarle al mundo que la belleza se pierde con el tiempo, y que no vale la pena malgastar el tiempo buscándola. Es más eficaz si buscas la felicidad. Para recordarle al mundo, que lo que importa es lo de dentro. Y sobre todo, para recordar una a una a cada persona, que todos nos hemos sentido perdidos, profundamente tristes alguna vez, todos nos hemos sentido inferiores al resto. Son épocas, etapas, momentos,... Y entonces todos hemos añorado a alguien que nos dijera "eres idiota", así que para eso estoy yo aquí, para recordarles que la perfección no existe, pero que cada uno puede inventarse su propia perfección.

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Podría decir tantas cosas que al final me quedo sin nada que decir. Siempre es lo mismo, mil historias que repiten el final. Y aún teniendo la certeza, siempre ansiamos escuchar otra historia para saber si habrá algún desvío de palabras, o un doble sentido, que de la vuelta a todo lo que conocíamos.