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jueves, 3 de marzo de 2011

S.♥

Jugar al riesgo, reirse lo de peligroso, saltar sobre una cama de extasis, cantar con la voz ronca, quitarte los zapatos y bailar debajo de una tormenta, ponerte unos tacones de 20 centímetros, disfrazarte un día de diario, reirte de los problemas y secarte las lágrimas con un abrazo multipersonal. Un "es lo que quiero, es lo que voy a conseguir", algo que sólo te atreves a decir cuando caminas cerca de personas que sabes que te seguirán hasta el fin del mundo, porque tú harías lo mismo por ellas. Sí, los amigos de verdad se cuentan con los dedos de una mano. Genéticamente tenemos cinco dedos en cada mano, pero yo considero que mi mano tiene 8 dedos. Uno lleva el nombre de Alba, la niña de los ojos bonitos que es alérgica al pintalabios rojo pero que no lo necesita para estar preciosa. Otro se llamaría Ángela, la princesita que cree que nunca conseguira a su principe azul, pero no se da cuenta de la de corazones que tiene cautivados. Bego sería el siguiente dedo, siempre con sus pantalones cortos y su cuerpo de modelo, matando de envidia ha todo el que pasa por su lado. Luego vendría Cristina, la locura de la casa, que sólo estar cerca de ella hace que las horas pasen volando. Después estaría Laura. Laura, ¿qué se puede decir de ella que no se haya dicho ya? La persona que más me conoce y con la que hago planes de futuro, porque estamos seguras de que estaremos siempre juntas. Mi hermana y más que eso. Entonces le haría un hueco a Maria Elena, que siempre tiene una sonrisa y una parida preparadas. Y otro a María, la tia más perfecta del universo, de la que a veces te ries pero a la que es inevitable querer. Y al final tendriamos a Tamara, con sus largas conversaciones que hasta te duermen pero sin las que ya no puedes vivir.
 Cada uno de mis dedos saca lo mejor de ellos, y también de mi. Me siento afortunada de tener 8 dedos con los que levantarme cuando me vaya a caer. Y me alegro de que cada día que pasa se que será otra historia escrita con estos dedos.

Shulas
Una vez más, sin final.

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Podría decir tantas cosas que al final me quedo sin nada que decir. Siempre es lo mismo, mil historias que repiten el final. Y aún teniendo la certeza, siempre ansiamos escuchar otra historia para saber si habrá algún desvío de palabras, o un doble sentido, que de la vuelta a todo lo que conocíamos.