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martes, 25 de enero de 2011

Y darte cuenta de que no estás tan mal

A veces nos da por coger ese viejo álbum que estaba al fondo de la estantería y echarle una ojeada.
Y a veces hay que tener cojones para llegar hasta la última página del álbum sin echar una lágrima, revivir un recuerdo y reírte de lo mal que sales en esa que querías borrar.
Porque detrás de cada fotografía, esta un momento escondido.
Rompiéndole la boca al presente, agarrándolo por el cuello y partiéndolo por la mitad.
Te destroza y te come.
Porque cuando ves una vieja foto, hacen falta cojones para no añorar el pasado que acabo con el cupo de felicidades y te ha dejado así como estás, necesitado de un poco de sonrisa.
Porque siempre hay que tener cojones para mirar las viejas fotos, 
admirar lo bueno que te queda y asumir que seguramente es mejor que lo que te 
quedará. Y darte cuenta de que tampoco estás tan mal.

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Podría decir tantas cosas que al final me quedo sin nada que decir. Siempre es lo mismo, mil historias que repiten el final. Y aún teniendo la certeza, siempre ansiamos escuchar otra historia para saber si habrá algún desvío de palabras, o un doble sentido, que de la vuelta a todo lo que conocíamos.