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miércoles, 5 de enero de 2011

Dime si es normal que me pase esto que me pasa

Que tengo miedo de cosas de las que otros se ríen.
Estoy exprimiendo hasta la última gota de mi felicidad y las estoy dejando mojar el suelo como si fueran lágrimas.
Liquido el poco tiempo que me da la vida escuchando esa parte de mí que me dice que soy idiota por anhelar vivir.
Y nadie conoce realmente lo que es volverse loco hasta que no descubre que puede aprobarse y contradecirse en la misma cosa. Locura contradictoria.
Yo, que soy una soñadora, cierro los ojos y los abro con la esperanza de que en ese segundo de silencio, todo haya cambiado.
Que cuando abra los ojos y me mire al espejo vea a la persona que quiero ser.
Que cuando me mire al espejo, tenga ganas de sonreír, no de echarme a llorar.
Aunque sólo fuera por lo que dura un susurro. Un momento efímero. Algo que me le dé una brizna de viveza a esta calle.
Pero no es así. No puedes levantarte una mañana y esperar que la vida te sonría así porque sí.
Me doy cuenta de mis errores cuando estoy equivocada e intento ratificar cuando sé que lo estoy haciendo mal. Pero hay veces, que por mucho que quieras parar, hay algo en ti que te impulsa a seguir haciendo lo que haces.
¿La adrenalina? ¿La edad? ¿La presión? ¿El miedo?  ¿Todo?


Lo que sufro, lo intento hacer mientras me muerdo la lengua, para que nadie me oiga gritar, para que nadie se meta en este bucle. Pero si te muerdes mucho la lengua, acabas sangrando. Así que, sí, grito, y me desgarro la voz y me rompo los esquemas, y me abrasó la piel.
No lo voy a negar. Todos me dicen que tengo lo que me he buscado y sé que tienen razón.
Y de verdad, aunque no lo demuestre, agradezco con más de lo que tengo a todas esas personas que están aquí, a mi lado todos y cada uno de los días en que me quiero echar a llorar. Ellas son la única razón por la que no vivo derrumbada.
Cuando me recuerdan que soy más que una imagen, no puedo evitar sonreír. Tienen razón, y les quiero sólo por eso. Porque ellos intentan recordarme quien soy, aunque yo me niegue a abrir lo ojos.
Sé que estoy cegada por el prototipo de la perfección, que no me deja verme tal y como soy. Como más que una imagen.
Pero, mi imagen es lo primero que veo de mí, a veces lo único. Y me vuelve loca el querer verme radiante todas las mañanas. Por eso hago lo que hago, por eso me encierro en mi habitación, pongo la radio a tope y empiezo a darle vueltas a este entuerto hasta que mis ojos escuezan como el alcohol, por eso me levanto por la mañanas llamándome idiota por desperdiciar de esta manera mi vida y me acuesto llamándome idiota por haber siquiera pensado abandonar esta especie de batalla. Por eso hay días en los que duele el pecho y sólo puedo pensar que ya no puedo más.
Pararía el tiempo si estuviera bajo mi control, para no tener que pensar que lo que haga hoy mañana tendrá consecuencias.



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Podría decir tantas cosas que al final me quedo sin nada que decir. Siempre es lo mismo, mil historias que repiten el final. Y aún teniendo la certeza, siempre ansiamos escuchar otra historia para saber si habrá algún desvío de palabras, o un doble sentido, que de la vuelta a todo lo que conocíamos.