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viernes, 7 de enero de 2011

Deshojar margaritas está pasado de moda. Eso se lo dejan a las princesas de las historias con final feliz. "Me quiere, no me quiere" pétalo tras pétalo, hasta quedarse en un frágil tallo que se vaya la promesa del último "me quiere".
Ahora está de moda pincharse con las espinas de las rosas. Rosas hermosas como ellas solas. Son las más bonitas, y las más peligrosas. Te atraen con su olor, su color, su belleza natural, y después te pinchan con su veneno. Para que llores, para que sufras.  Y lo peor, es que a pesar de saber la lección de no tocar una rosa, no podemos resistirlo.
Las margaritas son como los clásicos amores. Felices.
Las rosas son como el verdadero amor. Doloroso, pero hermoso.

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Podría decir tantas cosas que al final me quedo sin nada que decir. Siempre es lo mismo, mil historias que repiten el final. Y aún teniendo la certeza, siempre ansiamos escuchar otra historia para saber si habrá algún desvío de palabras, o un doble sentido, que de la vuelta a todo lo que conocíamos.