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jueves, 9 de diciembre de 2010

Yo tampoco puedo olvidar a alguien como tú

Él aguardaba bajo su ventana, mojándose. Pero, ¿a quién le importa mojarse cuando está ardiendo por dentro? Él ardía por ella.
Ella andaba de un lado para otro de su habitación, esperando una llamada que la devolviera la esperanza y la fuerza para volver a abrir su corazón.
Él se moría de ganas por verla. Quería lanzar una piedra a su ventana y que ella se asomase. Pero no lo hizo, en parte por miedo a asustarla, en parte por miedo a meterse en un lío y que ella no le quisiera. Tampoco la llamó. No hizo nada, solamente se quedó bajo la lluvia, observando la sombra de una persona que era dueña de su respiración.
Ella mojó su almohada de lágrimas. Una llamada que nunca llegó la partió, dejándola en cuatro trozos. El orgullo la impedía coger el móvil y gastar saldo para hablarle. El dolor le impedía levantarse de la cama para ver que la persona por la que respiraba estaba bajo su ventana.

La noche terminó dejando dos corazones rotos y un amor manchado de errores.

Ahora han pasado dos años. Cada uno a seguido su camino, a intentado olvidar, a veces han tenido éxito, a veces han fallado.
Ella se ha levantado está mañana y se ha mirado al espejo. Se veía bien, radiante, como nunca. No sabía lo que la deparaba el día.
Él se ha despertado, ha cogido su cajetilla y se ha fumado un piti. Y mirando por la ventana ha sentido que seria un buen día.
Ella ha salido de su casa, sonriéndole a la vida que ya la lloró bastante. Ha decidido caminar.
Él ha salido de su casa, se ha montado en su moto y ha tirado de carretera. Sigue intentando dejar atrás los recuerdos, pero él nunca encontró un clavo mejor que ella.
Ella se ha parado en un banco a descansar, a admirar la grandeza de la naturaleza.
Él la ha visto parada. Y no sé puede decir que su corazón haya dado un vuelco, que haya empezado a latir a toda velocidad y al mismo tiempo a dejar de latir. Su corazón a seguido igual. Pero los recuerdos que llevaba tanto tiempo intentando olvidar han vuelto a él en cuestión de minutos.
Ella lo ha visto, y sin dudarlo, se ha subido a su moto. Como en los viejos tiempos.

Él y ella son totalmente diferentes, sólo tienen una pequeña parte del ayer en común, y ahora vuelven a encontrarse. Y, es esa pequeña parte del ayer lo que les hace darse cuenta de que, el primer amor nunca se olvida.

Ella. -Hace muchisimo que no te veía.
Él. -Sí, desde aquella noche nada volvío a ser lo mismo.
Ella. -¿Qué es ahora te tu vida?
Él. -Mi vida acabó cuando tu te la llevaste, ¿y de la tuya?
Ella. -Intente olvidarte.
Él. -¿Lo intentaste?
Ella. -No lo consegui del todo.
Él. -Yo no conseguí nada. Siento decirtelo, pero eres la persona que más odio haber conocido. Aunque también eres a la que más he querido. No puedo olvidarte, no quiero olvidarte. Te he querido, te quiero, y muy a mi pesar, te querré como a nadie.
Ella. -Repite eso.
Él. -¿El qué?
Ella. -Lo último. 
Él. -No quiero olvidarte. Te quiero, sí, es cierto, te sigo queriendo. Lo he sabido en cada día de los 730 que han pasado desde que te espere bajo tu ventana. Y ahora que te veo aquí, 730 días después, me doy cuenta de que cada día que he pasado lejos de ti, mi amor por ti ha ido en aumento.
Ella. -¿Bajo mi ventana?
Él. -Bajo tu ventana, bajo la lluvia,... Por ti bajaría al infierno, me quemaría por dentro, ardería y sufriría, pero nunca dejaria de sonreir sabiendo que lo hago por ti.
Ella. -¿Puedo... pedirte un favor?
Él. -Ya te lo he dicho, por ti haría lo que fuera.
Ella. -Arde por mí.
Él. -¿Cómo?
Ella. -Recordando.
Calla, y besame.

¿Qué importa que no seas igual que la persona que quieres? Quizás es por eso por lo que la quieres.

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Podría decir tantas cosas que al final me quedo sin nada que decir. Siempre es lo mismo, mil historias que repiten el final. Y aún teniendo la certeza, siempre ansiamos escuchar otra historia para saber si habrá algún desvío de palabras, o un doble sentido, que de la vuelta a todo lo que conocíamos.