Instagram

lunes, 22 de noviembre de 2010

Con el sonido de la lluvia cayendo sobre los tejados y el viento arrastrando los recuerdos, empezó un nuevo día. Quién me lo iba a decir, que algún día acabaría bailando sola en un amanecer tormentoso. No me importaba nada. El frío, el tiempo, la hora. Que más daba. Nadie podría volver a reprocharme que era demasiado perfecta para cometer errores, porque seguro que ninguno de ellos se había escapado por la ventana, habia subido a la moto de un desconocido y había acabado enamorándose como quien no quiere la cosa. No, ninguno era tan desaprensivo.
Me sentía increiblemente bien. Sabía que me estaba esperando un tanda de tortazos según cruzara la puerta de casa, y sabía que en una noche habría perdido mi reputación de hija modélica. Y eso era lo que mejor me hacía sentirme.
Me sentía libre. Libre de verdad. No la clase de libertad que te ganas con el respeto, no, libertad de verdad, de la que nunca te ganas.
Habia estado conmocionada, como si me hubieran dado un golpè en la cabeza, como si en mi disco de baladas sonara una canción de Rock.
Al escuchar la canción, al sentir nuevas emociones en mí, al descubrir que para romper la rutina valía con cambiar la emisora de la radio, acabé cogiendole gusto a eso del Rock.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Datos personales

Mi foto

Podría decir tantas cosas que al final me quedo sin nada que decir. Siempre es lo mismo, mil historias que repiten el final. Y aún teniendo la certeza, siempre ansiamos escuchar otra historia para saber si habrá algún desvío de palabras, o un doble sentido, que de la vuelta a todo lo que conocíamos.