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martes, 5 de agosto de 2014

DECIR QUE LLEVO YA APROXIMADAMENTE UN AÑO PUBLICANDO EN UN NUEVO BLOG:

Buongiorno principessa

PASAROS:) 
MIL GRACIAS POR TODO(:

martes, 3 de septiembre de 2013


La suerte de un tonto, el tonto con más suerte del mundo. 
Supongo que es una forma fácil de describir como me siento cuando estoy con ella, haciendo tonterías como las tontas del pueblo -nunca mejor dicho- echándonos a reír sin parar por las cosas más insignificantes, disfrutando de cada segundo del día que podemos aprovechar para estar juntas. 
Que hemos vivido tanto en tan poco, que todo lo que no queda parece inmenso como un océano. Y a mí siempre me ha gustado nadar a contracorriente, y si es contigo más aún.
No nos separan los kilómetros, ni lo hará el invierno más frío, porque puede que nos quede superar un etapa de estar mínimamente separadas, pero eso no significa que no estemos unidas, ni que tú dejes de saber como ponerles puntos a mis finales.
No sabes predecir el futuro, pero sabes predecirme a mí, y con eso sólo puedo decirte que te mereces el cielo por saber pararme los pies y hacerme caer de culo a la tierra cuando hace falta.
Y ya ves, ni eres mi amiga, ni eres mi hermana, eres la mitad de lo que soy.
Porque tengo la suerte del tonto más tonto del mundo, y que jodida suerte de sentirme así cuando estoy contigo.

viernes, 12 de julio de 2013


-El mar, ¿sabes? Él nunca vio el mar, y yo siempre le prometí que un día nos sentaríamos juntos en la arena, que haríamos castillos y fingiríamos ser los dueños de un imperio, que le enseñaría a esquivar las olas y a nadar contracorriente. Y no he sabido cumplirlo. Ni siquiera he tenido el tiempo o la oportunidad, simplemente, creí que no iba a desaparecer tan rápida y repentinamente de mi vida. Idiota de mí, pensé que la muerte no se lleva a los que tienen compromisos pendientes en la tierra y le hice mil promesas, y no he sabido cumplir ninguna.
-No es culpa tuya.
-Sé que no es culpa mía, pero tampoco sé a nadie más a quien poder culpar.
-Pues deja de buscar culpables. Son.. cosas que pasan.
-Pero esas cosas se hacen más llevaderas cuando tienes a alguien sobre quien descargar la culpa.
-¿Y de verdad echarte a ti misma todas las culpas lo hace más llevadero?
-No. Pero echarme las culpas hará que nunca se me olvide que me quedan promesas por cumplir, y que ya que él no está para cumplirlas conmigo, tendré que cumplirlas por los dos.

Todos buscamos a alguien cuyos demonios se entiendan con los nuestros.

Forever babe | via Tumblr

-¿Estamos...?
-Juntos en esto.
-Sé lo que tengo que hacer.
-¿Lo sabes?
-No. Pero quería saber que se sentía al decir algo así.

Nunca encontré la solución correcta, creo que ni siquiera existía. Es cierto, hay cosas que no tienen solución, simplemente se estancan y tienen que sobrevivir como puedas a ellas. A veces es saltando por encima de ellas y siguiendo adelante, y a veces dando marcha atrás y volviendo a empezar. 
Aunque, visto así, quizá escoger uno de esos dos caminos sea una solución al problema de no tener solución, por lo que en realidad si que habría solución. 
Quizá, todas las soluciones sean correctas, excepto las que hablan de rendirse. 
Y cuando seamos grandes y mis hijos me pidan consejos sobre el amor, les hablaré de ti, y de cómo hay cosas que debemos dejar ir.

miércoles, 3 de julio de 2013

Tú y yo, y el resto del mundo.

Es cierto, debí hablar menos de mí y más de... ¿nosotros? No, no, odio como suena eso. 
Sabes perfectamente que nunca hubo un nosotros. Que yo siempre fui muy mía, y que tú siempre quisiste hacerme muy tuya. 
Y así fue como pasamos los días, tú intentando acercarte y yo alejándome poco a poco.
No lo tomes como algo personal, lo hago con todos, con todo.
Me alejo antes de que sienta algo más que aprecio. No, incluso el aprecio me parece excesivo. 
Creo que sólo busco respeto, el de los demás, ya que el mío no lo tengo.
Y al final todo, y todos, se acaban cansando de mí y acaban alejándose para siempre. 
¿Doler? Puede, pero sólo al principio. Y al fin y al cabo, ¿no es eso lo que quiero evitar? Que duela demasiado, que marque demasiado, que no se pueda olvidar.

Y entonces, entonces llegas tú. Y me alejo, no dejo de alejarme, pero tú sigues acercándote. 
Y trato de entenderlo, pero no puedo.
Y al final, sólo consigues complicarme las cosas, y echar por borda toda mi filosofía.

Y ahí ya empieza a ser algo personal. Para mí, nunca hubo un nosotros, que nunca lo habrá, que los pronombres plurales se me quedan demasiado grandes, incluso para recordarlos.

Si, yo también voy a recordarlo, tampoco soy de piedra, ¿sabes?
Sólo que tú lo recordarás con un nosotros
y yo con un tú y yo, y el resto del mundo.

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Llegue a odiar muchas cosas. Lo que más llegué a odiar fueron los domingos, porque era el comienzo de todo otra vez, de un sentimiento que no ahogaban ni las copas que se desbordaban sobre la barra de aquel antro donde acostumbre a pasar mis domingos. Y allí estábamos otra vez mi orgullo y yo, después de un año sin ella, y con todas esas cosas que nunca la dije. 

Al final, resultó que todo lo que me quedó de ella era lo mismo que me hizo perderla.

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"Al principio no les das importancia. Ser consciente de tus defectos no te hace daño. Pero esto es como la pólvora, una vez que se enciende no tarda en extenderse el incendio. Y yo ahora estoy en llamas. 
Y no me importa arder, siento que esa es la única forma de acabar con mis problemas, que mis problemas están en mí y van a quemarse conmigo. 
Lo único que he hecho últimamente ha sido echar más leña al fuego, que no soy más que una loca sádico masoquista, que me gusta ser la causante de mi dolor.  
Al principio no les das importancia, pero al final no hay nadie que pueda salvarte de tu propio infierno"

domingo, 30 de junio de 2013

Cierra la puerta de su habitación, apaga la luz y se mete bajo el edredón. Intenta dormir con los ojos cerrados, pero su mente está demasiado abierta. Se gira hacia el otro lado de la cama instintivamente, pero no encuentra lo qué está buscando, a quién está buscando. 
Se asoma a la ventana y enciende otro cigarro, el sexto o quizá el séptimo de la tarde. Mira hacía el horizonte, tan lejos que parece que podría tocarlo. Casi como él. Él es su horizonte. 
Aplasta la colilla sobre el alfeizar de la ventana, y se dice a sí misma que ese será el último, que es muy triste tratar de sustituir llenarse de besos con nicotina. 
Aunque al fin y al cabo, no sabe cual es peor forma de morir.
Y él ya no está para matarla con cada ataque de cosquillas, o con su sonrisa, o con cada una de esas veces que se entretenía escribiendo historias en su espalda. 
Lo único que le queda de él son viejos recuerdos congelados en fotografías que no deja de mirar una y otra vez. 
Alcanza una vez más el mechero. Sería tan fácil quemarlo todo. Convertir en cenizas el pasado. Pero no, esta noche no. 


Vuelve a meterse en la cama, intentando entender porque se siente tan fría en pleno verano.
"He pensado, y es algo que no hago muy a menudo, 
pero he pensado en escribirte, porque no se me ocurre otra forma
de tenerte presente y que sepas que eres a ti a quien le dedico mis palabras.
Y mis lágrimas. Y mis historias. Y mis miedos. 
Y mi vida.
Espero que en ningún momento hayas creído que he dejado de echarte de menos,
en realidad lo hago cada día más, sólo que ya le he pillado el truco a eso de sufrir en silencio.
No se lleva mejor, pero te hace aparentar que es así.
No existe medida que consiga explicar cuánto te quería. 
Pero era mucho.
Es mucho.
Será mucho.

Porque, para cuando haya perdido todas las esperanzas, seguiré creyendo
que tú volverás a salvarme. 
Y eso es tenerte presente, porque cada día pierdo un poquito más
pero sé que a ti sigo teniéndote.

Te quiero lo inmedible, abuela."

sábado, 29 de junio de 2013

La vida, vista desde la esquina más oscura al final de la barra de un bar, tiene matices imperceptibles para aquellos que no han bebido lo suficiente para ver con la claridad con la que ven los borrachos en el tugurio más lúgubre de la cuidad. Suena a paradoja, pero tras perder la cuenta de los litros de tequila que podrían correr por mis arterias, la vida dejo de parecerme tan difícil de descifrar. O simplemente, deje de intentar hacerlo. 
Me limite a observar como otros decidían destrozarse -o arreglarse- las vidas de la misma manera que yo había elegido. Me entretenía imaginando cuales eran sus razones, como estrategia para olvidar las mías, y creyendo que ellos hacían lo mismo conmigo. Pero, ¿qué podían saber ellos sobre mi vida? Nada. Lo mismo que sabía yo de ellos, lo mismo que seguramente tuviéramos en común. 
Es deprimente pensar la de motivos que hacen que una persona acabe necesitando buscar lo que ha perdido en el último lugar en el que sería posible encontrarlo.
Quizá el hombre de enfrente haya pillado a su mujer en la cama con otro, quizá su borrachera sólo sea una forma de manifestar la rabia que supone tener que ceder a otro lo que quieres.
Quizá aquella mujer haya sufrido otro aborto prematuro, y está intentando llenar el vacío de una vida con una resaca del quince.
Quizá aquel anciano esté cansando de vivir, y sólo quiera acabar su vida sin acordarse de su pasado y sin enterarse de cómo acabó.
Me detengo a mirar a una pareja sentada en una mesa a mi lado. Están callados. No hablan. No sonríen. No se miran. Ella coge su copa, y apura el fondo del vaso de un trago. Él le quita el vaso de la mano y lo apoya sobre la mesa:
"-¿Quieres dejar de portarte cómo una cría y hablarme?"
Los ojos de la chica brillan. Incluso en aquella habitación sin luz es imposible no darse cuenta de que ha llorado:
"-Creo que ya no nos queda nada de lo que hablar"
Una lágrima la delata, o quizá la forma en que la tiembla la voz. No es sólo que no tenga que de que hablar, es que se muere por hacerlo, pero no sabe por donde empezar. Estúpida. El chico se acerca, la levanta la barbilla buscando sus ojos:
"Gilipollas, ¿no entiendes que te quiero?"
Entonces se besan, y parece que el resto del mundo hubiera desaparecido para ellos en ese momento. Sólo existen ellos. Bueno, y yo, un mera violadora de su intimidad, que los admira y los envidia. Que los entiende mejor de lo que se entienden ellos mismos. Ellos se giran hacía mí. Mierda, he suspirado demasiado alto, me he delatado a mi misma. Apuro el culo de la última cerveza, pago mi cuenta y la de la pareja y salgo del bar, tambaleándome como puedo.
La calle está más iluminada que el bar, culpa de la luna o quizá de las farolas, quien sabe, yo no distingo. Todos los comercios están cerrados, pero no tengo ni idea de que hora aproximada puede ser. Pero estoy segura de que para mí ya es tarde, que él ya estará durmiendo. O no, quizá también haya salido a buscarme en la barra de un bar. No, es demasiado estúpido, él nunca haría eso por mí.
Y sin embargo, allí estoy yo, perdiendo el dinero, el tiempo y la cabeza por alguien que ni siquiera estará soñando conmigo.
Estoy borracha, pero ya no sé si es de alcohol o de amor. 
Cojo el móvil. Un último mensaje antes de borrar su número para siempre: "Gilipollas, ¿no entiendes que te quiero?"

sábado, 15 de junio de 2013

Porque no sólo te enamoras de una persona, también lo haces de sus defectos, de sus virtudes, de sus cosquillas, de su goma del calzoncillo asomando por el pantalón, de su gomina en el pelo, de su sonrisa, de su bronceado en verano, de sus "hoy te saludo, mañana se me olvida", de su bañador mojado, de su cara roja de frío en invierno, de sus canciones divertidas o de las que no lo son tanto, de las veces que no te mira, de las veces que no deja de hacerlo y de las que mira a otras, de su tono de llamada que no para de sonar, del ruido que monta hasta que se coloca y se queda a gusto, de la manera en la que anda, si a eso se le puede llamar andar... de las ganas locas que tengo de quedarme a su lado, de su forma de pasar de las "novias, folla amigas, rollos" o cualquier cosa que se le parezca, de sus carcajadas cuando ya no sabe ni lo que está viendo, de sus borracheras, de lo que ya no son borracheras.
Eso que dicen de que sólo te enamoras de una persona es un cuento, te enamoras de mucho más. Todos lo sabemos.

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Podría decir tantas cosas que al final me quedo sin nada que decir. Siempre es lo mismo, mil historias que repiten el final. Y aún teniendo la certeza, siempre ansiamos escuchar otra historia para saber si habrá algún desvío de palabras, o un doble sentido, que de la vuelta a todo lo que conocíamos.